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viernes, 21 de mayo de 2010

La Profecía Como Pasado y Futuro

¿Son aceptables las variantes para interpretar el libro de Daniel?
Por el Dr. Ángel Manuel Rodríguez

Algunos adventistas están interpretando como literal el período mencionado por Daniel 12:5 al 13. ¿Qué piensan acerca de esta variante?

Efectivamente, hay algunos que aplican al futuro los textos mencionados en la pregunta.
Piensan que ciertos acontecimientos sucederán después que Miguel se levante (vers. 1). En consecuencia, dicen que los períodos proféticos mencionados en dichos textos —1.260, 1.290, 1.335 días respectivamente—, deben ser considerados como días literales que todavía están en el futuro.

Utilizando el método histórico de interpretación, tradicionalmente los adventistas han considerado que los días proféticos representan años. Con la intención de introducir un doble cumplimiento apocalíptico, cualquier intento de armonizar la concepción futurista con la historicista, echa por tierra nuestro sistema de interpretación profética. Al no contar con el aval ni del contexto, tampoco del resto del libro de Daniel, la mencionada pretensión no tiene asidero. Lo fundamentaré:

1. Estructura de la visión. La visión que figura en el capítulo 10 comprende hasta el versículo 4 del capítulo 12, el cual finaliza con la conclusión registrada en los versículos 5 al 13 del último capítulo de Daniel. La introducción registra una conversación sostenida por Daniel con dos criaturas celestiales. La conclusión de la visión describe la misma conversación sostenida por el profeta con los citados personajes. Se trata de una unidad literaria de estructura simple.

2. Períodos que abarcan. El factor tiempo de las profecías de Daniel se encuentra al final de las visiones. En el capítulo 7 la visión se describe desde el versículo 1 al 14; el aspecto del tiempo se registra en el versículo 25. En la visión de Daniel 8:1 al 12 el asunto del tiempo está presentado en el versículo 14. Esto indica que el tema tiempo del capítulo 12:5 al 13 está directamente relacionado con la visión del capítulo 11.

3. Daniel 7 y los 1.260 días. Las tres veces y media, período profético/1.260 días, se introduce por primera vez en Daniel 7:25 en un contexto claramente simbólico. Por esto no existe razón alguna para interpretar en forma literal el mismo período que aparece en el versículo 7 del capítulo 12. Este planteamiento invalida el principio día por año. Su aplicación es una inconsistencia. Además, Daniel 12:7, período durante el cual los enemigos de Dios persiguen al "pueblo santo" constituye un paralelo perfecto del capítulo 7.

4. Relación lingüística entre los capítulos 11 y 12. La frase "¿Cuándo será el fin de estas maravillas?" (12:6) se refiere a Daniel 11:36, texto en el cual se encuentra la misma raíz hebrea —pala— que se utiliza para describir las palabras que los enemigos pronunciaron contra Dios (véase 8:24). Ambos textos indican que el poder del mal tendrá éxito sólo durante un determinado período. El capítulo 11 es el que se ocupa de ese tiempo específico durante el cual este fenómeno se realiza y, al mismo tiempo, señala que tendrá su fin después que los enemigos acaben con "la dispersión del poder del pueblo santo" (12:7). Estos hechos se describen en Daniel 7:25 y 8:24, textos que utilizan la misma terminología designada para los siervos de Dios. Otras conexiones incluyen referencias a los "impíos" (Dan. 11:32; 12:10), y los verbos "comprender" (11:33; 12:10), "limpiar" "emblanquecer" y "purificar" (11:35; 12:10).
La palabra "continuo" en Daniel 11:31 y 12:11 se utiliza junto con el verbo "quitar/abolir". Ambos usan la frase "la abominación desoladora" en conjunción con el verbo "establecer".

Por esto es que no hay posibilidad alguna para que estos dos textos estén considerando situaciones diferentes. Al utilizar la misma terminología el escritor afirma que está haciendo referencia al mismo tema. Por lo tanto, los períodos mencionados en Daniel 12:11, 12 —1.290 días y 1.335 días—, deben aplicarse a los hechos descritos en Daniel 11:31. Daniel 12:7 describe el período de persecución que se menciona en el capítulo 11:32 al 35.

Definir el cumplimiento histórico de los 1.290 días y de los 1.335 no ofrece dificultad. Primero, los 1.290 días están asociados con la obra realizada por los enemigos de Dios mencionados en todas partes. Daniel 7 puntualiza que el control ejercido por un poder religioso/político contra el pueblo de Dios llegaría a su fin en 1798, fecha que señala el fin de los 1.290 años. Su punto de partida es el 508 d.C. cuando los francos vencieron a los arrianos visigodos. Segundo, los 1.335 días constituyen una extensión de los 1.290 días, lo que indicaría que comenzaron al mismo tiempo. Esto significa que los 1.335 años finalizaron en 1843/1844.

martes, 11 de mayo de 2010

La Interpretación Profética


En los días de Jesús había mucha confusión con respecto al verdadero Mesías debido a las tantas teorías que el diablo había levantado sobre los pasajes bíblicos que lo anunciaban (Mat 16:13-17). Dos milenios más tarde, en las postrimerías del mundo, la confusión con respecto a la hora en que vivimos parece ser mayor debido a las tantas teorías que el diablo ha levantado con respecto a las profecías que predicen su venida. Siendo que tenemos el privilegio de vivir en una época científica en donde todos los datos necesarios se saben con respecto al origen de las diferentes ideas, convendrá repasar brevemente los principios de interpretación que se levantaron en determinados épocas de la historia cristiana. Lo haremos en forma cronológica para luego considerar el impacto que tienen hoy en el mundo.

Los problemas que encontramos en el Nuevo Testamento con respecto al verdadero Mesías o Cristo prometido, tuvieron que ver con la identificación del Mesías, no con el escepticismo moderno que niega que se haya tratado de profecías reales.
Para cumplir con el mandato evangélico de predicar el mensaje a todo el mundo, los primeros cristianos recurrieron a las profecías de Daniel para probar la autenticidad de la Palabra de Dios. Con el propósito de debilitar su mensaje, Celso, Porfirio y otros sabios paganos declararon que las profecías de Daniel fueron escritas por otro autor que, en el S. II antes de Cristo, usó su nombre para hacer creer que sus visiones eran una profecía. Las visiones del presunto Daniel, por consiguiente, eran una "vaticinia post-eventum", es decir, una fábula escrita después que los hechos se dieron. Los así llamados "padres" del segundo y tercer siglos fueron llamados "apologistas", porque tuvieron que defender la fe cristiana de todos esos ataques paganos.

Tanto los judíos como los cristianos (los así llamados padres y doctores de la iglesia en los primeros siglos), entendieron que el cuarto imperio anunciado por Daniel era el de Roma. De manera que no solamente esperaban su derrumbe, sino también la venida del anticristo que sucedería a los césares o emperadores (la única excepción fue Agustín de Hipona, por creer que el milenio había comenzado con el triunfo del cristianismo sobre el paganismo).

Esto continuó así durante toda la Edad Media, pero en forma retrospectiva. En lugar de esperar el anticristo para el futuro, fueron identificando cada vez más al anticristo en el levantamiento del papado romano, hasta pasar a ser esa la interpretación dominante de todos los movimientos religiosos opuestos a Roma, ya desde mucho antes de la Reforma del S. XVI.
Para desviar el golpe, J. Henten primero en 1547, y luego el jesuita Luis de Alcázar en 1614, fundaron la interpretación preterista aduciendo que el anticristo fue Nerón que había sido prefigurado en la historia de Antíoco Epífanes (gobernador griego seléucida que profanó el atrio del templo de Jerusalén a mediados del S. II AC). Notemos que lo que estos autores hicieron fue, en realidad, retomar la crítica pagana contra los cristianos de los primeros siglos, para negar el cumplimiento de la profecía que se refería a sus días).

Dándose cuenta de que el preterismo jamás iba a poder explicar todo el cúmulo de profecías bíblicas, otro jesuita español, Francisco Rivera (1590) fundó el futurismo, que consiste en posponer toda profecía histórica hacia el futuro. En realidad, ya Tomás de Aquino, el forjador de la teología católica del segundo milenio, había sugerido que el anticristo vendría en el futuro, y reinaría por tres años y medio literales.

Con el racionalismo de los S. XIX y XX, y el escepticismo típico que se originó con la Revolución Francesa, comenzó a negarse la posibilidad de toda profecía bíblica y a adoptarse el preterismo también dentro del protestantismo y, en general, en toda la cristiandad.

Con el existencialismo del S. XX, y el sentimentalismo que se originó con el cansancio de los razonamientos intrincados de los eruditos escépticos, volvió a ponerse el énfasis en el futurismo. Todo lo sensacional, que apelase a los sentidos y extasiase la imaginación, comenzaría a tener lugar aún con respecto a las profecías. Siendo que el futuro no cumplido da más posibilidades para este campo de acción, se fue perdiendo interés en el cumplimiento histórico de las profecías bíblicas, para proyectarlas a un futuro mediato o inminente, según la imaginación del autor.

Hoy muchos autores combinan el preterismo con el futurismo, debido a que captan que ni el uno ni el otro pueden aprobar un examen serio de las profecías apocalípticas. Pero al quitar la espina dorsal que une los dos polos (el pasado y el futuro), revelan el mismo escepticismo de siempre. Al hombre moderno le cuesta encontrar un punto fijo por el cual decir: "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros" (Luc 4:21).

Una nueva escuela de interpretación que deja de preocuparse por ubicar en el tiempo las profecías de la Biblia, se ha denominado como "idealista". Su único objetivo es tratar de extraer el mensaje que el apóstol trata de dar, sin importarle el contenido histórico futuro al que se dirije. Nos preguntamos si las palabras con las cuales Juan concluyó el Apocalipsis no se aplican indirectamente a ellos también, cuando dijo: "A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto...: si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro" (Apoc 22:18-19).

Al comenzar el S. XXI, los adventistas son prácticamente los únicos que se atienen todavía al método historicista. No podemos negar que haya incursiones preteristas, futuristas e idealistas en nuestro medio, debido a que las semillas del escepticismo moderno de las que está impregnada la literatura religiosa fuera de nuestra iglesia, no dejan de ejercer su poder mágico en algunos de nuestros hermanos.

¿En qué consiste el método historicista?

En ver toda una secuencia profética, ininterrumpida, desde los días de los escritores bíblicos hasta el fin del mundo. En el caso del cristianismo, este principio consiste en creer realmente en las palabras que Jesús dejó al irse al cielo: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat 28:20). Jesús no estuvo solamente con los discípulos en el primer siglo. No estará únicamente con sus discípulos en el fin del mundo, sino también en toda la etapa intermedia. Esto lo demostró especialmente en el Apocalipsis en el mensaje de las siete iglesias (número que indica algo completo y que, como en las siete fiestas de Israel que abarcaban el período completo del año litúrgico, comprenden en el caso del Apocalipsis un mensaje simbólico que abarca toda la dispensación cristiana).

Así como Jesús anunció para el futuro la "abominación asoladora" de la que había hablado el profeta Daniel (Dan 9:27; 11:31; 12:11; Mat 24;15: ubicado por los autores modernos en el pasado macabeo del S. II AC), también anunció los 1260 días-años para el futuro mediante Juan en el Apocalipsis (Dan 7:25; 12:7-9; Apoc 11:2-3; 12:6,14; 13:5: infructuosamente ligados para el pasado macabeo por los preteristas de hoy).

Conclusión.


Dios quiere que sepamos que Jesús es el mismo "ayer, hoy y por los siglos", y que estará con su pueblo hasta el fin. Quiere que confiemos en sus promesas, mostrándonos que así como cumplió las que tenían que ver con el pasado, cumplirá también las que faltan. En especial en la época final en la que vivimos, quiere que prediquemos convencidos y convertidos, el mensaje del pronto regreso el Señor. A un mundo que duda o divaga fantasiosamente con sueños irreales, quiere que le hagamos ver el gran plan de salvación, el propósito divino en la historia humana, y el desarrollo final del conflicto que terminará para siempre con este mundo de maldad.

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