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lunes, 27 de enero de 2014

Amor Verdadero?? ... o solo un capricho

“¿Cómo puedo saber si estoy realmente enamorado?” le preguntó un lector al columnista de un periódico. La respuesta fue: “Si tienes que preguntarlo es porque no lo estás”.
La insuficiencia de esa respuesta es tremenda; hay muchos que todavía siguen pensando que cuando el amor golpea se darán cuenta instantáneamente. En verdad eso no es tan fácil.
Una encuesta reveló que en promedio la gente siente enamoramientos pasajeros seis o siete veces y sólo una o dos veces amor real. Posiblemente ya lo hayas experimentado en los romances que has vivido. Pero la gran pregunta es:
¿Cómo puedes saber si es amor verdadero o sólo un enamoramiento pasajero o pasión?

El amor y el enamoramiento caprichoso tienen síntomas similares
El amor y este tipo de enamoramiento tienen algo en común: fuertes sentimientos de afecto por alguien, lo que complica el intento de establecer las diferencias, ya que muchos de los síntomas se parecen entre sí. El enamoramiento más apasionado y ciego puede tener algunas de las características del verdadero amor y viceversa. Las diferencias entre el amor y el enamoramiento caprichoso son más bien de grado. En consecuencia, se deben examinar todas las evidencias con mucho cuidado.
El amor y el enamoramiento comparten tres síntomas: pasión, deseo de cercanía, y emociones fuertes.

Pasión:
La pasión puede surgir sin verdadero amor. En el caso del hombre, particularmente, le es posible sentir pasión o fuertes sentimientos sexuales por una mujer que nunca conoció. Los besos y las caricias audaces aumentan la urgencia de las sensaciones eróticas hasta que el sexo comanda la relación. La pasión por sí sola no es un indicador de verdadero amor. La atracción sexual puede ser tan urgente en estos casos como en el amor verdadero, y en ocasiones puede llegar a ser dominante. El amor debe estar basado en algo más que una atracción sexual o pasional.
Además, nadie puede mantener tal pasión impetuosa durante un tiempo prolongado, aunque asegure lo contrario. Si todo lo que una pareja comparte es pasión, probablemente esa relación concluirá en unos pocos meses. Si una pareja decide casarse sobre la base de esa vorágine de motivación sexual, pronto aprenderá que cuando la pasión muere ya no queda nada que los mantenga juntos.
Deseo de cercanía:
 El deseo continuo de estar cerca del otro puede ser tan abrumador en la pasión como en el amor verdadero. Las ganas de estar juntos todo el tiempo provocan ansiedad ante la separación y puede producir una sensación de vacío y soledad ante la ausencia del ser amado, pero esto no es necesariamente un indicador de amor verdadero. El deseo de estar cerca puede tener la misma intensidad en la pasión y en el amor verdadero.
Emociones fuertes:
Los estudios han confirmado que al comienzo de un simple enamoramiento se experimentan síntomas físicos distintivos. Así por ejemplo, sentirse sobre nubes cuando todo va bien o sentirse enfermo cuando las cosas andan mal; una corriente helada que corre por la espalda, falta de concentración, malestar estomacal o inapetencia. Pero tales emociones se manifiestan tanto en el enamoramiento caprichoso como en el amor real, si bien son más indicativas del primero El verdadero amor incluye algo más que una mezcla de sentimientos frívolos y se extiende más allá del agotamiento de las emociones fuertes.

Si sientes soledad, aburrimiento, o estás en el proceso de olvidar un romance roto, tendrás mayor disposición a interpretar como amor real otro romance que surja, aun cuando sólo se trate de un poco más que enamoramiento. Si te sientes inseguro/a o tienes una baja autoestima, debes ejercer mucha cautela. Las personas maduras y las de autoestima normal también pueden ser atrapadas por la pasión, aunque son más capaces de reconocerla.
No creas que la pasión es algo totalmente negativo. Puede ser una experiencia placentera siempre que la reconozcas por lo que es, un breve interludio de fantasía romántica. Dándole suficiente tiempo pasará o desembocará en una relación real que implica mucho más que un aluvión de emociones. Recuerda asimismo que algunas relaciones que comienzan en pasión se transforman en amor verdadero cuando son probadas a lo largo del tiempo.
El verdadero amor difiere del enamoramiento caprichoso porque otorga tiempo y espacio para reconocer tanto las buenas cualidades como las imperfecciones de una persona. El establecer un compromiso, y tener relaciones sexuales, irse a vivir, o casarse con alguien sobre la base de esos sentimientos prematuros es una necedad y sin duda producirá resultados negativos.

Identifica lo que es real
En 1820, durante la fiebre del oro, los buscadores lo confundían a veces con la pirita. La pirita, o el oro del tonto, como se da en llamar a este mineral, es detectada en una cacerola sobre el fuego. Mientras se chamusca y humea produce un olor muy desagradable. Por el contrario, el calor no daña el oro verdadero ni tampoco produce mal olor. Desafortunadamente, no podrás poner tu relación amorosa en una cacerola sobre el fuego para saber si produce mal olor, pero puedes analizarla a través de estos nueve factores:

1. El amor se desarrolla con lentitud; el enamoramiento caprichoso, con rapidez.
La mayoría de la gente piensa que enamorarse es una emoción repentina e intensa. Carlos dijo: “Me emocioné el minuto en que la vi. Era como siempre me la imaginé. Siento como si la hubiese conocido toda la vida”.
La evaluación de Carlos no es válida hasta después de un año de noviazgo. ¿Por qué? Porque el amor crece y ese crecimiento requiere tiempo. Es imposible conocer a la persona real en sólo unos pocos encuentros. Al comienzo de una relación, todos mostramos la mejor conducta. Ocultamos o reprimimos los rasgos desagradables. Lleva meses observar a una persona en diversas situaciones como para conocerla bien. Muchos saben ocultar los rasgos negativos de su personalidad incluso hasta después de casarse.
No te apresures a sacar conclusiones. Deja que tu relación crezca. Inicia la amistad y no trates de apresurarte durante la etapa del conocimiento. Los comienzos apacibles son parte de los noviazgos agradables. Tales amistades pueden llevar al verdadero amor, que se asemeja a la pasión en intensidad pero está arraigado en la realidad.
2. El amor se basa en la compatibilidad; el enamoramiento caprichoso, en la química y la apariencia.
Esteban siente “buena onda” cuando conoce a una chica linda. Cree que eso es “química” instantánea. “Lo sientes o no lo sientes. Yo lo sentí en el minuto en que la vi”. ¿De dónde sacó Esteban eso de que química y amor son la misma cosa? ¡Del cine, quizás!
Confiar en la “química” para que te lleve al amor es torpe y peligroso. La química está basada mayormente en la atracción física o sexual. Tiene que existir esa chispa que te hace sentir más vital que nunca, pero basar un matrimonio sólo en eso es absurdo.
Es posible sentir una fuerte atracción por alguien que acabas de conocer y que te agrade en todo, pero hay un largo camino por recorrer antes de amar a esa persona. El verdadero amor incluye química, pero se nutre de otros factores tales como el carácter, la personalidad, las emociones, las ideas y las actitudes. El que está enamorado se interesa en la manera en que la otra persona piensa y responde en diversas situaciones, o en los valores que ambos comparten. Deberás observar sus actitudes hacia temas tales como la religión, la familia, el sexo, el dinero y las amistades así como los intereses mutuos, su pasado y sus modales. Cuanto más tengan en común, mejores serán las posibilidades del amor real.

3. El amor se centra en una persona; el enamoramiento caprichoso puede incluir varias.
Un apasionado puede pensar en “amar” a dos o más personas a la vez. Esas personas con frecuencia difieren marcadamente en personalidad. Ana reconoce estar enamorada de dos muchachos y no poder decidirse por uno de los dos. Esteban es maduro, estable y responsable; mientras que Sergio es irresponsable, amante de las diversiones y gastador. En verdad Ana no está enamorada de ninguno. Algo la impulsa hacia el gastador divertido, mientras que sus instintos maduros le dicen que las cualidades de Esteban son más importantes. Al fin combina las cualidades de ambos y piensa que está enamorada de los dos. El verdadero amor se concentra en una persona cuyo carácter y personalidad exhiben cualidades esenciales, pero nunca combina varios individuos para formar uno ideal.

4. El amor produce seguridad; el enamoramiento caprichoso, inseguridad.
El amor se basa en el principio de la confianza mutua mientras que el enamoramiento provoca inseguridad y puede intentar controlar al otro mediante los celos. Esto no significa que cuando uno está realmente enamorado nunca sentirá celos, pero serán menos frecuentes y severos. El verdadero amor confía. Hay quienes se sienten halagados pensando que los celos son evidencia de un amor verdadero, pero estos trasuntan emociones de inseguridad enfermiza, baja autoestima y ansias de posesión. El amor real no actúa de esa manera.

5. El amor reconoce la realidad; el enamoramiento caprichoso la ignora.
El verdadero amor ve los problemas en perspectiva, sin minimizar su seriedad, mientras que el enamoramiento pasa por alto las diferencias sociales, étnicas, educativas o religiosas. Algunas veces hasta se enreda con alguien ya casado y asume que tales aspectos no son importantes. Por el contrario, una pareja relacionada por amor verdadero enfrenta sus problemas con franqueza y cuando un problema amenaza su relación lo discuten abiertamente y lo resuelven con inteligencia. Negocian las soluciones por anticipado.

6. El amor motiva una conducta positiva; el enamoramiento caprichoso tiene un efecto destructivo.
El amor es constructivo y estimula lo mejor de ti, te provee de nueva energía, ambición e interés en la vida. Estimula la creatividad y motiva al desarrollo personal, la superación y todo lo que sea positivo. Esto naturalmente engendra sentimientos de autoestima, confianza y seguridad en uno mismo y nos motiva a triunfar. Estudias con interés, planificas con más eficacia y ahorras con más diligencia. A tu vida se le agrega propósito y sentido. Aunque sueñes despierto, te mantienes dentro de los límites de la realidad y funcionas a tu mayor nivel.
El enamoramiento caprichoso tiene un efecto destructivo y desorganizador. Te hace menos competente, menos eficiente y entorpece el desarrollo de tu verdadero potencial. Te arrastra a sueños imaginarios que te harán olvidar las realidades de la vida, el trabajo, el estudio, las finanzas y otras responsabilidades.

7. El amor reconoce defectos; el enamoramiento caprichoso prefiere no verlos.
El amor reconoce las buenas cualidades del otro y hasta cierto punto las idealiza, pero no considera que la otra persona sea perfecta. Admite los errores, aunque prevalece el respeto y la admiración por las buenas cualidades de la otra persona. La pasión te enceguece para no ver lo que está errado e idealiza a tal punto, que rehúsa admitir las faltas y defiende al amado contra todas las críticas. Admira en exceso una o dos cualidades, al punto que minimiza los defectos. El amor real habilita para amar a pesar de los defectos y no cierra los ojos ante la realidad.

8. El amor controla el contacto físico; el enamoramiento caprichoso lo explota.
El verdadero amor ayuda a la pareja a controlarse en la intimidad romántica, ya que ambos se respetan tanto que voluntariamente ponen límite a esos impulsos. La pasión, en cambio, demanda intimidad con mucha más anticipación. En contraste con la pareja apasionada, una pareja que experimenta amor real ve en la intimidad sólo una parte de la relación. Esto se debe a que los apasionados dependen en gran medida de la atracción física, y la excitación lleva al besuqueo y las caricias avanzadas. Los que lo experimentan por primera vez sienten que es algo especial y asumen que están amando. Ignoran que sus valores, objetivos y creencias podrían no coincidir. Si se casan solamente sobre la base de la atracción física, descubrirán luego que el interés sexual declina y los desacuerdos aumentan.
Aunque el verdadero amor incluye la atracción física, éste brota asimismo de otros factores y el contacto físico tiene un significado más profundo que el puro placer. Para el apasionado, frecuentemente se vuelve un fin en sí mismo. El placer domina a la experiencia.

9. El amor recibe la aprobación de la familia y los amigos; el enamoramiento caprichoso recibe reprobación.
Si los parientes o los amigos no aprueban la relación, ¡cuidado! Si están convencidos de que es una mala elección, probablemente tengan razón. Los matrimonios que no cuentan con la bendición de los padres tienen una alta probabilidad de fracasar. Un investigador comparó las quejas de los casados felices con las de los divorciados, y descubrió que estos últimos eran casi cuatro veces más proclives a quejarse de que sus cónyuges no tenían nada en común con sus amigos. También se halló que las parejas casadas y felices tendían mucho menos a estar en dificultades con sus suegros. Si los padres y los amigos tienen objeciones, ¡cuidado! Si dan su aprobación, anímate.

Tiempo al tiempo
Si has analizado tu relación, pero todavía no puedes decidir si es verdadero amor, date tiempo. El enamoramiento caprichoso quiere acelerar la relación. Las emociones no dan lugar al sentido común y tratan de empujarte a asumir compromisos que más tarde lamentarás. El amor real puede sobrevivir el examen del tiempo, unos dos años de noviazgo, para asegurarte de que estás bien preparado/a para el casamiento. El tiempo brinda experiencia y objetividad.
Cada año miles de parejas se presentan ante al altar con los ojos radiantes y se prometen amor y fidelidad eternas, sin imaginarse que están cometiendo el error más grande de su vida. ¿Qué pasó con sus diálogos apasionados, promesas tiernas, miradas prolongadas, besos enardecidos y susurros amorosos?
Muchos fracasan al no comprender que uno no se enamora por accidente. Eres tú quien decides amar, esto es, pensar, dedicar tiempo y experimentar sentimientos firmes por alguien. Enamorarse es la parte fácil y divertida del amor. La parte que sigue es más difícil, ya que implica asumir el serio compromiso de amar incondicionalmente a una persona imperfecta. El amor genuino dice “Te amaré aun cuando no satisfagas todas mis necesidades, me rechaces o me ignores, te conduzcas insensatamente, tomes decisiones que yo no tomaría, o estés en desacuerdo conmigo y me trates injustamente. Te amaré tal como eres y para siempre”.
Este tipo de amor responde al don creativo de Dios hacia nosotros y puede ser plenamente disfrutado sólo dentro de la protección y seguridad del matrimonio. Somos capaces de amar solamente porque Dios nos amó primero. Amístate con él; entonces serás menos proclive a sufrir decepciones amorosas y tendrás la oportunidad de encontrarte con un amor mutuamente satisfactorio mientras vivas en la tierra.
Autor: Nancy Van Pelt

domingo, 6 de marzo de 2011

Siete mitos acerca de los jóvenes


por Carlos A. Camacho

Nunca olvidaré una mañana de sábado cuando una dama se acercó en el pasillo de la iglesia y me dijo: “¡Ay pastor, no sé qué voy a hacer con mis hijos!” Con los ojos llorosos y luchando por contener las lágrimas, me confió que había tenido una noche muy difícil con sus tres hijos, dos de ellos adolescentes y uno preadolescente.


“¿Qué pasó?”, le pregunté. En cuestión de segundos, mi mente repasó la lista de pecados que comúnmente se les atribuyen a los jóvenes, sin saber que el problema al que me enfrentaba rebasaba los límites de mi entendimiento.

“Pastor, usted sabe que los jóvenes son terribles y mis hijos no son la excepción”. Sus palabras comenzaron a alarmarme: ¿Será que habrán matado a alguien?, me preguntaba por dentro. Ella continuó: “Mis hijos… ¿Por qué no viene a mi casa?”

El lunes de tarde la visité en su casa. Después de muchos rodeos en la conversación, descubrí que el monumental problema de sus hijos eran los frijoles que jamás faltaban en la cena, y que ejercían su efecto en el sistema digestivo de los muchachos. Lo que debía haber sido una tarde de consejería pastoral, terminó siendo una clase de planificación de alimentos para los días siguientes.

Albergar una actitud negativa hacia los jóvenes es tan común como el pan (o las tortillas para los que somos mexicanos). Hemos aprendido a ver la adolescencia, y en algunos casos la juventud, como si fuese una enfermedad o un problema. Mi convicción es que en torno de la adolescencia y juventud se han tejido muchos mitos. La imagen que Hollywood presenta con frecuencia de los jóvenes es que son materialistas, indiferentes, adictos, mentirosos, inmaduros, desubicados, carentes de valores morales, groseros y, el favorito, idiotizados por tanta tecnología.

Pero, ¿son los jóvenes así, o se trata de un mito que nos han vendido? Algunas veces los mitos tienen base, pero comúnmente son tradiciones colectivas que responden directamente a los deseos y temores de los adultos.

A continuación deseo compartir siete mitos acerca de los jóvenes, que influyen directamente en la forma que un adulto se relaciona con ellos:

Los jóvenes andan mal: No por imprecisa, esta frase deja de ser la favorita entre las personas que no tienen deseos o tiempo para relacionarse con la juventud. Con frecuencia la usan para explicar la resistencia al estatus quo mostrada por los jóvenes.

Sin embargo, asumir que es malo no estar de acuerdo con el estatus quo es contraproducente. En primer lugar, porque cuestionar las reglas existentes es parte del desarrollo del adolescente. Y en segundo lugar, porque se emite un juicio que daña lo que el joven más espera de nosotros los adultos: que se lo trate con confianza y no se le reprima su derecho a opinar. Al fin y al cabo, el joven crece cuando aprende a evaluar por sí mismo el mundo que lo rodea, y no cuando se lo fuerza a ver las cosas como los mayores las ven.

El antídoto: Acepte que eso que llamamos “rebeldía del adolescente” no es más que el clamor del muchacho que pide espacio para definir su propia persona. En vez de negarle ese derecho, dele confianza, amor genuino y sea usted mismo un buen modelo. Descubrirá que la frase los jóvenes andan mal es un mito simplemente.

Los adolescentes todavía no son personas completas: Con frecuencia, al interactuar con padres de adolescentes, recibo la impresión de que aquellos piensan que estos son “casi” personas. Por lo tanto, los tratan como si no fuesen personas completas. En honor a la verdad, la palabra “adolescente” significa que adolece de algo. Pero, ¿de qué adolece el joven? Le falta madurez y experiencia. Ahora bien, un individuo puede carecer de experiencia, pero eso no lo disminuye como individuo. Es tan solo una persona sin experiencia.

El antídoto: Acepte y respete al adolescente como una persona en el pleno sentido de la palabra. Eso significa que usted confiará en él, escuchará sus opiniones, le permitirá tomar decisiones, y le entregará responsabilidades. Usted se sorprenderá al ver cómo el adolescente se eleva a la altura del respeto y consideración que recibe.

Los jóvenes no son espirituales: El adulto tiende a asociar la espiritualidad con la apariencia externa y con el apego a ciertas rutinas y ejercicios religiosos. Los jóvenes de hoy en día, en cambio, recelan de la religión. A ellos, a menudo, no les interesa la apariencia ni los ejercicios rutinarios del culto. Desean algo más genuino, algo que nazca del corazón. Esta discordancia entre los gustos religiosos de los adultos y los de los jóvenes, llevan a pensar que estos no son espirituales.

Paradójicamente, la juventud de hoy en día es más sensible a los temas espirituales de lo que fue en épocas pasadas. Los jóvenes están siempre buscando un guía espiritual, una persona que sea genuina a quien seguir y en quien confiar.

El antídoto: Experimente a Jesús junto con el adolescente. En otras palabras, incorpore en la vida diaria los grandes principios de amor, de respeto, de servicio al prójimo y de confianza en Dios. El adolescente no está interesado en escuchar un largo sermón, pero sí está interesado en ver cómo usted trata a su esposa, o cómo ayuda al mendigo de la calle. Permita que Jesús se encarne en usted y descubrirá cómo el adolescente lo seguirá.

A los jóvenes no les interesa relacionarse con los adultos: Los estudios muestran que los jóvenes que triunfan en la vida alcanzan sus logros gracias a la ayuda de un grupo de adultos que siempre creyó en ellos. Esto demuestra que todo joven anhela y necesita tener relaciones significativas con los adultos que lo rodean. En mi experiencia con los jóvenes, he descubierto que la única razón por la que algunos deciden no relacionarse con los adultos es porque éstos los han herido y maltratado.

El antídoto: Dé por sentado que el adolescente lo necesita a usted. Y, ¡tranquilo! El adolescente no espera que usted use las palabras, los modales o el estilo de ropa que él usa para apreciarlo profundamente. Todo lo que usted tiene que hacer es interesarse en él, por sus preocupaciones y por sus anhelos.

Los jóvenes no quieren disciplina: El hecho de que los niños y los adolescentes tratan con frecuencia de empujar los límites o quebrantar las barreras, es precisamente la prueba de que desean conocer qué es lo apropiado y qué no. Nuestros jóvenes no solo necesitan reglamentos claros y de fácil comprensión, sino que los anhelan. Los desean porque su vida es mucho más sencilla cuando conocen las expectativas de sus padres. Desgraciadamente, que conozcan claramente lo que se espera de ellos no es siempre suficiente para prevenir ciertos comportamientos. Pero aun así, es vital para el desarrollo integral del joven que exista en su vida una estructura que defina claramente lo permisible de lo que no lo es.

El antídoto: Asuma que el adolescente se siente más seguro cuando existe disciplina en su vida. Cree un espacio en el que el joven se mueva con libertad. Al mismo tiempo, muéstrele cuáles son los límites. Explíquele con bondad y respeto los peligros que el traspaso de esos límites entrañarían, y ayúdelo a que decida respetarlos.

Los jóvenes carecen de iniciativa: ¿Recuerda cuando sus pequeños querían ayudarle a hacer las tareas y lloraban si usted no les daba oportunidad? Por lo general, ¿cuál era su respuesta?

La apatía aparente de la juventud es más una reprimenda a los adultos que una característica propia. El joven se caracteriza por su energía y disposición a la acción. Todo joven anhela hacer algo. Sin embargo, cuando un joven carece de iniciativa es porque algo se ha roto dentro de él. Dios creó a cada ser humano con eso que yo llamo un motor propio.

Desafortunadamente, cuando el niño crece sin recibir afecto, sin recibir la dosis de respeto y disciplina que necesita, sin recibir el aprecio que su alma requiere, ese motorcito se apaga.

El antídoto: Para encender la chispa de la iniciativa en el joven, usted necesita levantar la moral de él. El adolescente desea ser parte activa de la vida. ¡Ayúdelo a integrarse! Es un proceso que requiere sabiduría y paciencia. El adolescente necesita escuchar y sentir que usted cree en él, que confía en él, y que espera en él. Está demostrado: cuanto más afecto recibe el adolescente, más respeto propio desarrollará. Y cuanto más respeto propio, más iniciativa tendrá.

Los jóvenes no crecen con los valores de sus padres: Si bien es cierto que existe un vacío de valores en nuestra sociedad, también es cierto que los valores de los hijos son trasmitidos mayormente por los padres. Nosotros definimos, consciente o inconscientemente, los valores de nuestros hijos.

Hay que saber diferenciar entre valores y tradiciones familiares o culturales. Recordemos que los jóvenes que están creciendo en este país van a tener muchas diferencias sociales y culturales con respecto a nosotros los adultos. Pero eso está bien, no podemos cambiarlo. Hablarán un idioma diferente al nuestro, y con mejor pronunciación, pero los valores que usted les trasmitirá serán exactamente los mismos que los suyos. Aunque los valores serán influenciados por el medio ambiente cultural, aun así es privilegio de todo padre, educador o adulto establecer un cimiento sólido de virtudes en la vida tierna de nuestros jóvenes.

El antídoto. Nuestros jóvenes siempre necesitarán valores para regir sus vidas, tales como el respeto, la honestidad, un código de ética y de conducta, etc. Y la persona encargada de transmitir esos valores es usted, con palabras y con acciones. Usted no podrá convencer a su hijo a que sea honesto, si utiliza “mentiras blancas” para salir de alguna situación vergonzosa. Primero sea honesto con usted mismo. No podrá convencerlo a ser un trabajador excelente y honrado si usted no lo es primero. Lo que usted vive, sus hijos reflejarán.

El autor es el gerente de comercialización del Departamento Internacional de la Pacific Press.


Fuente: El Centinela. Agosto 2010

¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?


por Alejandro Medina
Aunque la homosexualidad no es el plan de Dios para la sexualidad humana, la salvación obrada por Jesús está al alcance de todos.

Es posible que más de un amigo te haya comentado sobre la homosexualidad. Hoy se presenta como algo completamente natural a través de los medios masivos de comunicación. Incluso hay algunos personajes de la farándula que han reconocido su preferencia por personas del mismo sexo, causando con ello furor entre algunos de sus seguidores.

En más de una ocasión he hablado al respecto con ciertas personas, e incluso conversé hace poco con un entrañable amigo médico que me dio sus puntos de vista. El tema se ha intensificado porque recientemente se ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo en México (para el Distrito Federal el 21 de diciembre de 2009) y en Argentina (15 de julio de 2010). ¿Pero qué dice la Biblia sobre la homosexualidad? ¿Aprueban las Escrituras la inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo?

La homosexualidad entre los vecinos de Israel

Desde tiempos antiguos, en el Cercano Oriente la homosexualidad era conocida y practicada como una forma de indulgencia carnal. Antes de la llegada de los israelitas a Canaán, las prácticas sacro homosexuales y la prostitución femenina en los cultos de adoración eran parte de la vida de dichas naciones. Por eso en Levítico 18:1-3, 24-30 y 20:23-25, se da la impresión de que tales prácticas prohibidas para los hebreos eran conocidas entre los egipcios y cananeos. Asimismo, la conducta travesti para propósitos mágicos e incluso el bestialismo, las orgías en lugares altos, la automutilación y el sacrificio de niños, eran parte de los ritos de la religión cananea. En los textos cananeos, los dioses destruyen y tienen relaciones sexuales como parte del proceso de la creación. En cambio, el Dios hebreo no necesita del sexo para crear a la humanidad; únicamente requiere hablar. De ahí que se dé innovador sentido al poder de la palabra hablada, y posteriormente escrita.

La naturaleza sexual en la Biblia

Génesis 1:27 dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Aquí se menciona claramente que el Señor creó una distinción sexual. El texto bíblico señala que cada uno es el complemento del otro y que disfruta de equidad espiritual. No hay ninguna sugerencia en esta parte de la Biblia en cuanto a una división de una criatura bisexual o indiferenciada sexualmente en dos sexos distintos. En Génesis, el sexo no se deifica ni tampoco se niega. Más bien, está sólidamente fundamentado dentro de los propósitos creativos de Dios. Incluso, la principal necesidad mutua del hombre y la mujer se subraya en las Escrituras: juntos forman la unidad de lo que se conoce como humanidad. Es gracias a esta unión que el ser humano llega a tener la imagen de Dios; entonces, la dualidad sexual es necesaria para una comprensión plena de la imagen de Dios.

Los textos bíblicos del Antiguo Testamento

Levítico 18:22: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”.

Levítico 20:13: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre”.

Deuteronomio 23:17-18: “No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro”.

1 Reyes 14:23-24: “Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso. Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel”.

Las advertencias anteriores hicieron que en Israel la práctica de la homosexualidad no fuera tan común como en los otros pueblos. La ausencia de condenación de esta práctica entre los profetas hebreos es un buen indicador que su influencia era mínima en el pueblo de Dios.

La iglesia primitiva frente a la homosexualidad

Los primeros cristianos vivieron en un mundo que tenía fuertes vínculos con la cultura griega, a pesar de ser dominado por el Imperio Romano. Entre los griegos la homosexualidad estaba muy difundida, y su forma más común era la pederastia. No obstante, también es cierto que la homosexualidad temprana griega era considerada estrictamente una conveniencia controlada en vez de una condición incontrolable y “natural”.4 El gimnasio era un centro donde se entrenaba a los jóvenes en cuestiones académicas, físicas y militares, que llegó a ser famoso por la práctica de la pederastia. Además, la homosexualidad se mencionaba en algunos dramas griegos, y era considerada por grandes filósofos de la talla de Platón.

Fue así como la iglesia cristiana tuvo que enfrentar esta situación en la medida que la predicación del evangelio llegó a diversos países del mundo conocido. De ahí que el apóstol Pablo haya hecho referencia a dicha práctica en algunos versículos bíblicos:

Romanos 1:26-28: “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”.

1 Corintios 6:9-10: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

En estos textos el apóstol Pablo afirma que la homosexualidad no es parte del plan de Dios para los sexos. Tampoco es parte de la santificación del cristiano que culmina con la entrada al reino de los cielos. Su práctica está prohibida por la misma autoridad que prohíbe matar y adulterar. Otros textos que se refieren a la homosexualidad en el Nuevo Testamento son 2 Pedro 2:6-10; Judas 7, 8; Apocalipsis 22:14, 15.

Ahora bien, las personas con orientación homosexual son seres humanos con la facultad de decidir si han de satisfacer sus deseos. Es posible que nunca cambien su orientación, pero sí pueden ejercer el poder de su voluntad y la facultad de elección para inhibir tales deseos y no para realzarlos. En ese sentido han de abstenerse del erotismo con personas del mismo sexo, al igual que el heterosexual soltero debe abstenerse del sexo fuera del matrimonio. Por supuesto, en el caso del homosexual, según el plan de Dios, esta abstención debe durar toda la vida.

¿Y si tales inclinaciones son imposibles de contener? Como cristianos creemos que Dios puede cambiar lo que para el mundo es imposible, tanto para los homosexuales como para los heterosexuales. La Biblia dice que todo es posible con la ayuda de Jesús (Filipenses 4:13). ¡Pero si Dios va a perdonarnos a todos! —alegan algunos— ¿cuál es el problema con la homosexualidad? Eso es abaratar la gracia de Dios. Dios tiene poder para guardarnos de pecar.

¿Qué debemos hacer los creyentes con los homosexuales? Ellos son seres humanos bajo una situación compleja. Muchos sufren a causa de sus tendencias y necesitan ayuda. Por lo tanto, “la iglesia debe aceptar la orientación sexual de un individuo que necesita ayuda y apoyo y que lucha contra las preferencias hacia el mismo sexo. Pero aquellos que insisten en promover el estilo de vida homosexual activo como una norma natural, o incluso superior a las relaciones heterosexuales, por ese mismo acto desprecian o minan la única autoridad sobre la cual la propia iglesia y su misión están basadas, a saber, las Escrituras”.

Como cristianos y seguidores de Jesús, hacemos una distinción importante entre el pecado y el pecador. Como Jesús, no aprobamos aquello que Dios no aprueba, pero aun así amamos y aceptamos al pecador. Jesús vino a salvar y a buscar a los perdidos, esto nos incluye a todos.



El autor es doctor en Letras y funge como director editorial de GEMA, una casa editora de la Iglesia Adventista en México, D. F.


Fuente: El Centinela. Marzo 2011

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